Cada tema construye lentamente, capa tras capa, hasta formar estructuras imposiblemente vastas y hermosas.
Una catedral de hielo sonoro. Hecker procesa órgano y piano hasta que suenan como si se estuvieran disolviendo dentro de un glaciar.
Grabado solo, tarde en la noche, en un piano vertical. El ruido de la habitación, las ruedas de los pedales, la ciudad distante — todo es parte de la composición.
Guitarras de surf rock procesadas hasta sonar como recuerdos de una playa que medio recordás de la infancia.
El plano original. Eno describió su música ambient como “tan ignorable como interesante” — y este es el prueba.